9 ago. 2012

Roma en 4 días (cuarta parte)

Digamos que el grueso romano ya lo hemos visto y requetevisto. Sólo nos quedan un par de lugares por visitar y después poder hacer lo que más nos plazca, aunque daré alguna recomendación.

Cercana al Coliseo y algo escondida en lo alto de una colina se encuentra la basílica de San Pietro in Vincoli (San Pedro Encadenado) donde podremos admirar una obra que muchos habremos visto en libros y fotografías: el Moisés de Miguel Ángel. Se trata del cuerpo central del mausoleo del Papa Julio II y estaba proyectado como una gran tumba con más de 40 estatuas.
Interior de la basílica
Conjunto del Moisés
Detalle de la estatua central
Esta basílica atrae a los turistas por lo que hemos visto, pero tiene otro elemento en los que no muchos reparan: las cadenas de San Pedro. Son con las que el santo fue encarcelado en Jerusalén. Se trata de una de las reliquias más importantes para los cristianos.
Cadenas de San Pedro en el relicario
Saliendo de la basílica y bajando al Coliseo tomamos vía Labicana y posteriormente el cruce con vía Merulana a la derecha. Directamente nos topamos con el obelisco original (otro día hablaré de los obeliscos romanos) egipcio más alto en Roma (mide exactamente 1m más que el de San Pedro del Vaticano). Esto nos hace intuir que algo importante tenemos delante. Ni más ni menos que la catedral de Roma, San Giovanni in Laterano (aunque su nombre original es Archibasilica Sanctissimi Salvatoris). No hay que confundirnos, mucha gente piensa que la basílica de San Pedro es la catedral, pero nada más lejos de la realidad. El Papa, además de ser el jefe de los curas y monjas es el obispo de Roma y por tanto, San Giovanni es su iglesia, por lo que goza de extraterritorialidad, vamos, que no pertenece al estado Italiano. Es la más antigua de las basílicas mayores de Roma (las que tienen baldaquino, es decir, altar papal) y la que más rango tiene, por lo que es la iglesia más importante de los cristianos. Por eso, las reliquias que guarda bajo el altar son supuestamente las cabezas de San Pedro y San Pablo.

El obelisco está situado en una de las dos entradas que tiene y que nunca he llegado a descifrar cuál es la principal. Pues donde está el obelisco (se situaban en cruces de avenidas anchas para guiar a los peregrinos) se encuentra el baptisterio pero por ahí se entra por el lateral de la catedral, a la altura del baldaquino. Sin embargo la otra entrada parece hecha para echar la foto, fachada monumental barroca, al comienzo de la nave central... pero lo dicho, me falta el baptisterio de la otra puerta.
Baldaquino del altar papal
Interior desde el altar. Las estatuas gigantes de los laterales
son los doce apóstoles
Entrada barroca
Claustro de la catedral, una joya
En el clautro se exponen piezas como esta partitura
original de Palestrina
Detalle del claustro
Entrada por donde está el obelisco
Frente a la entrada barroca se puede visitar algo muy peculiar en un edificio que tampoco llama la atención. Santa Helena, madre de Constantino I le cogió gusto a viajar por Tierra Santa. Y qué hacemos cuando viajamos, pues nos llevamos recuerdos de los sitios visitados. Helena, que tenía posibles y era madre de quien era, trajo unos souvenires de agárrate y no te menees. A saber, se trajo literalmente tierra santa (sobre la que se construyó la próxima basílica de la Santa Cruz), un trozo de la Vera Cruz, la cruz de uno de los ladrones, la esponja con vinagre, la corona de espinas, los clavos y buscando buscando encontró hasta el letrero del INRI, vamos, que se le reza a San Antonio para encontrar las cosas perdidas, pero yo veo mucho más útil Santa Helena quien en ello crea. 

De entre todas las cosas que la santa se trajo a Roma, una nos falta y de ella hablaré. Ni más ni menos que agarró los peldaños de mármol blanco del palacio del Poncio Pilato por los que Jesús de Nazaret subió para ser juzgado. Actualmente, como hay tanta gente que quiere subir por ella, la han recubierto de madera, pero en aquellos lugares donde se adivinan las manchas de sangre de Jesús hay colocado un cristal.
Scala Santa
Hasta aquí "todo" lo que HAY QUE VER en Roma. Sé que es una paliza pero merece la pena disfrutar de ello. Ahora que tenemos más de medio día libre voy a aconsejar visitar la vía Appia, la principal arteria romana que la unía con el sur de la península. Fue lo primero que me llevaron a ver la primera vez que visité Roma hace 10 años. No está céntrica, no es fácil llegar por tu cuenta, pero merece la pena si hay tiempo. En la misma vía Appia Antica está la pequeña iglesia del Domine Quo Vadis, frase que a todos os sonará por la serie de televisión del mismo nombre. Fue ahí donde se cuenta que Jesús se apareció a San Pedro cuando huía de Roma y le dijo esa frase, ¿dónde vas?.
Chiesa del Domine Quo Vadis
Más adelante podemos visitar unas de las famosas catacumbas romanas, las de San Calixto. Me he dado cuenta de que no he hablado de ellas en ningún día, pero es algo que en su momento me pareció impactante y agobiante al mismo tiempo. Bajar 30 y 40 metros bajo tierra, rodeado de tumbas (ya exhumadas)... Prefiero quedarme con la imagen idealista y romántica de los libros. 
Y por fin llegamos a la verdadera y antigua Vía Appia, la calzada romana mejor conservada en el mundo. A los lados aún se pueden ver varios monumentos funerarios, pues los romanos enterraban a sus seres queridos fuera de las murallas y en los linderos del camino, por lo que imaginad un viaje a Roma, cuya entrada está plagada de monumentos a los lados, impactante. 
Este recorrido yo lo recomendaría hacer en bicicleta para abarcar mucho más trozo de la vía y disfrutar del campo. Llevar la comida en la mochila, líquido y a dejarse llevar.

Hasta aquí esta pequeña serie de "Roma en 4 días". Espero que os haya gustado, que hayáis aprendido cosas, que si ya habíais estado os haya gustado recordar, que deseéis volver y a quienes no han estado todavía... ¿A qué esperáis?


La próxima ciudad sobre la que hablaré será Florencia, mi amada y preferida entre todas Firenze. Pero no será inmediatamente, primero hay que digerir un poco Roma.

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