26 jul. 2012

Roma en 4 días (segunda parte)

 En nuestro segundo día por Roma mis recomendaciones son las que siguen.

Para no comenzar el día con una andada larga, podemos coger el metro. Si para ir a los Museos Vaticanos la línea A es la que debemos coger, ahora deberemos ir a por la línea B (Roma no tiene más líneas de metro) en dirección Laurentina y bajarnos en la estación Pirámide. Nada mas salir de la estación nos encontramos con algo un tanto desconcertante, pues Roma no sólo tiene 8 obeliscos originales egipcios sino que además tiene una pequeña pirámide. Se trata de la tumba del magistrado Cayo Cestio Espulón y data del año 12 a.C.
Su altura es de 36.40m
Desde aquí y cruzando la Porta San Paolo, que está a la derecha de la pirámide, caminamos por la avenida que nos queda a la izquierda, la vía Marmorata y por una de sus bocacalles de la derecha, subiendo una cuesta llegamos al edificio perteneciente a la Orden de los Caballeros de Malta. El edificio no se puede visitar pero desde aquí se puede tomar una de las estampas más típicas romanas: a través de la cerradura de la puerta se ve la cúpula de San Pedro del Vaticano.

Bajando por la vía de Santa Sabina llegamos al extremo más cercano al Tíber del Circo Massimo, pero de él hablaré más tarde, pues estamos justo al lado de una de las piedras más famosas y un tanto misteriosas que hay en Roma. La Bocca della Veritá. Dicen que no es mas que una tapa de alcantarilla, pero eso no quita para que la iglesia que la custodia haga caja gracias a ella. Eso sí, una vez dentro de la iglesia, no os tenéis que perder que en una de las capillas laterales están los huesos (aunque hay muchas iglesias que también dicen tenerlos) de uno de los santos más conocidos y mercadeantes en la actualidad: San Valentín.

Huesecicos de San Valentín
Bocca della Veritá
Salendio de la iglesia nos encontramos con dos templos que a mí me gustan mucho y eso que no son grandes ni importantes, pero se conservan bastante bien: Templo de Hércules Víctor y el Templo de Portunus, pertenecientes a lo que en su día fue el foro de Boario.
Templo de Hércules Víctor
Templo de Portunus
Ahora sí, nos encaminamos hacia el Circo Massimo y lo que fue la verdadera Roma Antigua. De lo que fue el Circo ha quedado sólo la campa con la forma de su trazado pero la magnitud de la misma nos hace ver que fue un edificio tremendamente gigante en la ladera de la colina Palatina. 
Al final del circo llegamos a lo que fue la residencia de los emperadores romanos: la colina Palatina. Una crítica a la ciudad de Roma, aparte de la conservación del patrimonio, pues no pueden mantener todo como se debiera, es la escasez o inexistencia de carteles informativos sobre lo que estás viendo, es decir, que o llevas la lección aprendida si te gusta la historia, o te vas con la impresión de haber visto sólo piedras que a medida que ves más y más, dejas de valorar. 

En el Palatino es donde comenzó todo: aquello que conocemos como la leyenda de Rómulo y Remo. Las excavaciones han demostrado que allí hubo asentamientos desde el año 1000 a.C. y posteriormente se convirtió en algo así como la Moraleja de Roma. Los emperadores y sus familias construyeron allí sus casas, jardines y templos, pudiéndose visitar varios de ellos pero como he dicho antes, teniendo la lección aprendida y otro tanto de imaginación. 
Estadio
Palatino
Muros del Palatino
Saliendo del Palatino desembocamos directamente en el Foro, justo al lado del Arco de Tito, uno de los tres arcos triunfales aún en pie. Hablar del foro, de sus templos y edificios puede llevar muchísimo y más conociéndome, por eso, como no pretendo aburrir lo mejor es ver unas cuantas imágenes con su explicación.
Vista parcial con el Arco de Septimio Severo,
 la Curia Julia a la derecha
y las 3 columnas que quedan del Templo de Castor y Pólux
Templo de Vespasiano detrás el Tabularium
(donde se guardaban las leyes en tablas de bronce)
Templo de Saturno
Templo de Venus y Roma 
Templo de Vesta
Lugar donde incineraron a Julio César
Salimos del Foro por la parte del Arco de Septimio Severo y subimos las escaleras que nos llevan a la colina Capitolina. Nos encontramos sobre una columna la reproducción de la loba amamantando a los dos gemelos Rómulo y Remo y justo al lado una plaza arropada por tres edificios proyectados por Miguel Ángel, hoy en día albergan el Ayuntamiento de Roma y los Museos Capitolinos, también muy recomendables. En el centro de la plaza llama nuestra atención una estatua ecuestre de Marco Aurelio del año 176 d.C. Se trata de una réplica, al igual que la loba, cuyos originales están en los museos de la misma plaza. La estatua de Marco Aurelio fue la única de bronce que se salvó cuando la ciudad precisó todo el bronce para fabricar armas para la guerra porque se pensaba que representaba al primer emperador pro-cristiano Constantino.

Estatua de Marco Aurelio
Loba Capitolina
Subida a la Colina Capitolina
Una vez abajo, en Piazza Venezia, es el mejor momento para tomar un panino (bocata) o un trozo de pizza en algún establecimiento de las proximidades, pues ni antes ni a partir de ahora vamos a encontrar lugares donde comer. En la misma piazza podemos ver lo que los Romanos llaman "la tarta de bodas", un monumento de la época de Mussolini en recuerdo del rey que unificó Italia, Victor Manuelle II. Es una mole excesiva de mármol blanco.

Justo al lado se encuentra la Avenida de los Foros Imperiales, que como su propio nombre indica, acoge los diferentes foros que los sucesivos emperadores, tras Julio César, fueron construyendo a medida que se iban haciendo pequeños los existentes. El primero que nos encontramos es el de Trajano en el que el elemento que más llama la atención es la Columna Trajana, en conmemoración de su victoria contra los dacios (Rumanía). De este foro nos quedan varios restos, pero para mí, una de las grandes joyas es el mercado, el primer Corte Inglés de la historia, visitable e impresionante donde en 6 pisos de altura las tiendas y tabernas se distribuyen a través de calles empedradas al más puro estilo romano. Incluso disponía de salas a doble altura donde llevar a cabo transacciones de gran nivel y oficinas de comercio.
Columna Trajana

Llegaron a haber hasta 150 tiendas

Avenida principal de la galería comercial

Panorámica desde el Mercado de Trajano
Siguiendo la avenida te encuentras con los Foros de César, Augusto y de Nerva hasta toparte con esa mole impresionante que llevas viendo todo el día pero a la que aún no te has acercado: el Coliseo.

En verdad su nombre es Anfiteatro Flavio, en honor a esta familia de emperadores que lo construyó, pero la proximidad del Colosso di Nerón (estatua de Nerón en bronce de 30m de altura) hizo que el nombre popular se trasladase a llamarlo Colosseum. Disponía asiento para 50.000 personas, en días de mucho sol se podía tapar con lonas mecánicas, podía evacuarse en 5 minutos gracias a sus 80 puertas numeradas... 

Interior con el hipogeo a la vista
Cuesta creer que se pudiesen hacer batallas navales en su arena, sin embargo todo tiene una explicación. El Coliseo está construido justo encima de lo que fue el lago que Nerón hizo construir para su residencia Domus Aurea (casa dorada), por tanto, los cimientos del anfiteatro mantuvieron la canalización del antiguo lago pudiéndose llenar y vaciar. Pero estas batallas sólo se llevaron a cabo durante 10 años, pues se decidió construir el hipogeo: los pasillos y trampillas subterráneas que permitían la aparición de elementos y bestias en escena mediante poleas y rampas.

En fin, creo que por hoy es más que suficiente.
En el próximo día tendremos alguna sorpresa y nos moveremos por la parte norte de la ciudad.

1 comentario:

Xabi Otero dijo...

Totalmente de acuerdo en que el mayor hándicap de Roma es no disponer de carteles informativos... más te vale visitarla con un especialista, porque de lo contrario, no significaría lo que merece.

De los lugares no visitados, me quedo con el templo de Hércules Víctor.

De los lugares visitados, no sé cuál es mejor, pues cada uno tiene su encanto... creo que el día de hoy es una zona preciosa para visitar.