13 ago. 2010

La carretera de los huesos (Siberia)

Cuando la Unión Soviética estaba en pleno apogeo, Stalin mandó construir una carretera en la inhóspita Siberia. La carretera, de unos 2000 kilómetros, uniría las ciudades de Magadan y Yakutsk y facilitaría el control comunista en todo este vasto territorio. De este modo, Stalin también tuvo ocupados y alejados a miles de disidentes al régimen, que fueron los que de sol a sol trabajaron a pico y pala en la construcción de esta carretera.
  

El trayecto transcurre a lo largo del Círculo Polar Ártico y en él se encuentran algunas de las ciudades más frías del planeta. El frío allí en el invierno es tan elevado (-40ºC) que el enterrar a los difuntos se convierte en todo un problema para los lugareños, pues el suelo, en los ciclos de congelación y descongelación, va elevando poco a poco los cadáveres desde las profundidades para escupirlos de nuevo al mundo de los vivos.

Los prisioneros que trabajaban en la carretera, sucumbían como moscas ante las condiciones extremas del clima. La leyenda local cuenta que cada metro de esa carretera costó una vida. La cuestión es que para los soldados que custodiaban a estos trabajadores, el tema del enterramiento de sus cadáveres no fue demasiado problemático y le dieron una solución simple. Los que morían, se iban enterrando bajo los cimientos de la carretera a medida que esta iba avanzando. De modo que hoy en día, se puede considerar esta carretera como la más tétrica del planeta pues literalmente, se rueda sobre los huesos de sus constructores.


A parte de este escalofriante suceso, este trayecto está considerado uno de los más peligrosos del mundo, pues en la época del deshielo y tras las lluvias estivales, el lugar se convierte en terrible barrizal dónde en muchos tramos se hace totalmente imposible adivinar el asfalto.


La carretera es el único modo de llegar a Yakutsk, de modo que pese a lo arriesgado de su recorrido, miles de personas se ven obligadas a recorrerlo poniendo en juego sus vidas. Los accidentes se cuentan a centenares cada año y son muchos los que, sabedores de los antecedentes del lugar, atribuyen la causa de muchos de los accidentes a los fantasmas y espectros que todavía, dicen, permanecen en aquel lugar, no en vano, hay tramos en los que sus huesos han asomado por consecuencia de las fuertes riadas.


Fue sin duda un infierno congelado.


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1 comentario:

Xabi Otero dijo...

En esta carretera son todo ventajas, por lo visto. Qué pasada...