13 jul. 2010

Cómo se decidieron los nombres de los territorios del Nuevo Mundo.

Se bautizaban las tierras recién descubiertas por razones peregrinas, subjetivas y, a menudo, ridículas. Cuando los españoles llegaron al Golfo de México, los habitantes indígenas gritaron “texas, texas”, que en realidad quería decir “bienvenidos”. Y con Texas se quedó. También desembarcaron los conquistadores en la península sur de México, donde preguntaron a los lugareños cómo se llamaba aquel sitio, a lo que los indios respondieron: “yucatán”, que en maya quería decir “no entiendo”. Y Yucatán se llamó. 

Imaginación no les faltaba a aquellos descubridores que, según un acuerdo no escrito, eran los que decidían el nombre de la tierra descubierta. La máxima era: quien llega primero, bautiza la tierra. Aunque lo hicieron la mayor parte de exploradores y marinos, fue sobre todo Colón quien más puso en práctica esta medida, ya que nombró cada pequeño fragmento de tierra que encontró en su camino. El flamante descubridor de América bautizó más de 700 islas y no olvidó hacer la pelota a quienes habían financiado su expedición, los Reyes Católicos. De ahí las islas Fernandina, Isabelina o La Española –actual Haití–. Sin embargo, eran tantas las nuevas tierras, que la imaginación se agostaba y los descubridores tenían que recurrir a repeticiones de lugares europeos. Así, pasaron a bautizarse lugares como Nueva Granada (región de Colombia) o Venezuela, la pequeña Venecia.

1 comentario:

Xabi Otero dijo...

Todo esto de la toponimia es realmente fascinante. Muchas veces nos paramos a pensar el origen de los nombres, cuando es mucho más sencillo de lo que parece. Sin embargo, los orígenes ridículos también han dado lugar a nombres que tienen un gran arraigo en nuestra sociedad.