14 feb. 2010

San Valentín

Existen diversas teorías que otorgan a esta fecha el origen del Día de los Enamorados

En los países nórdicos es durante estas fechas cuando se emparejan y  aparean los pájaros, de ahí que este periodo se vea como un símbolo de amor y de creación.

Algunos creen que es una fiesta cristianizada del paganismo, ya que en la antigua Roma se realizaba la adoración al dios del amor, cuyo nombre griego era Eros y a quien los romanos llamaban Cupido. En esta celebración se pedían los favores del dios a través de regalos u ofrendas para conseguir así encontrar al enamorado ideal.

También, y hace muchos siglos, fue tradicional en Inglaterra la "fiesta de los valentinus", donde se elegían a hombres y a mujeres para que formaran pareja. Muchas de estas parejas se convertían en marido y mujer y conseguían la felicidad de pareja que se espera encontrar y consolidar el día de San Valentín.

Otras fuentes centran el origen de la historia de San Valentín en la Roma del siglo III, época en la que el cristianismo era perseguido. En este periodo también se prohibía el matrimonio entre los soldados ya que se creía que los hombres solteros rendían más en el campo de batalla que los hombres casados porque no estaban emocionalmente ligados a sus familias. Es en estas circunstancias cuando surge la figura de San Valentín, un sacerdote cristiano que ante tal injusticia decide casar a las parejas bajo el ritual cristiano a escondidas de los ojos romanos.

Este verano estuve en Roma y en la iglesia donde se muestra la "boca de la veritá" se exponen también los restos de San Valentín. Quizás sea el cráneo que más dinero mueve en un día concreto del año. Y es que nuestros amigos los comerciantes aprovechan cualquier día absurdo para sacar tajada. Y de eso los que más saben son los pasteleros porque entre tetas, lanzones, roscones, turrones y huesos de santo... echan el jornal festividad tras festividad.




1 comentario:

Xabi Otero dijo...

Qué interesantes todas estas teorías y además se extienden por varios lugares diferentes. Qué pena que se haya perdido ese valor mitológico, inocente, curioso... pero el consumismo pesa más...