6 dic. 2009

¡Olé!

Al menos es un primer paso, de puntillas, tímido y sutil. La Consejería de Cultura del Gobierno Valenciano ha tomado la decisión de prohibir la fiesta del toro embolado en varias localidades de la comunidad. En esta comunidad los festejos que toman al toro como excusa para un divertimento atroz son unos 5.000. Por desgracia la medida tiene un reverso y es que se libera de la prohibición a aquellas localidades que tienen tradición taurina. En mi casa eso se llama "letra pequeña". Una norma todavía insuficiente, por eso un paso sutil, pero espero que en un breve periodo de tiempo no se tarden en dar zancadas.

Como dato importante, sobre una encuesta realizada a 1000 personas, el 83% de los participantes se manifestó en contra de este tipo de tradiciones.

Ni toro embolado, ni corridas de toros... ninguna de las festividades que tienen al toro como protagonista debe seguir existiendo, todas ellas implican tortura. Desde el respeto a todos los que piensen de otra forma les invito a una reflexión porque estoy convencido de que muchos de ellos desconocen las barbaridades que pasan esos toros.

Conozco todos los argumentos de los defensores, todos, ninguno de ellos es válidos. Ni que sean tradiciones arraigadas, ni que mucha gente viva de ello, ni que los toros de liria nacen para ello... y qué importa, nada de ello es válido ante la única verdad, el sufrimiento de un ser vivo. El que corre delante de un toro al que se le está cayendo fuego desde sus cuernos no es un valiente sino un vil insensato. No es mucho mejor quien le da capotes ni el que lo hiere hasta la muerte. Sueño con el fin de estos festejos, sueño con el día que lea esa noticia que una inmensa mayoría piensa que debe producirse. Pero a esa mayoría todavía le falta alzar la voz un poquito más.

Un genio, León Tolstói, decía que si un hombre aspira a una vida correcta, su primer acto de abstinencia debe ser el de lastimar a los animales.

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